Este es el programa resumido de mi viaje: Roma – Florencia – Perugia – Verona – Venecia – Nápoles – Sicilia – Atenas – Santorini.
Así que siguiendo el plan, desde Florencia me tomé un tren a Perugia. En el tren platiqué con un chico italiano que hablaba portugués y poquito español. Así dicen los italianos cuando les pregunto si “parla spagnolo“. En italiano se dice “un poco” o “un pò“.
Este chico me ayudó a preguntarle al señor de los boletos si el tren pasa por Perugia, dice que sí (yeeeiii, tomé el tren correcto). También me cuenta que le encantaría ir a México pero que el avión sale muy caro. Dice que imagina México de color amarillo (¡oh, no sólo yo les pongo colores a los lugares!) que así es como se ve en las películas. Le digo que es amarillo en algunas regiones pero que también es verde y azul turquesa. 🙂
PERUGIA
En Perugia hacen música con las campanas. Me despierta su melodía, el canto de los pajaritos, el sol entrando por la ventana. Perugia huele a flores (¿jazmines?), a pizza, ¡y a chocolate!
Perugia es un pueblito en las montañas en el centro de Italia, en donde fabrican chocolate. El sol quema y el viento está presente casi todo el tiempo.
Me hospedo en la casa de unas monjitas, pero sólo he visto a una -se llama Lucia (se dice Lushía)-, casi siempre estoy en mi cuarto (que ha sido el más barato del viaje y también el más bonito, tengo una cama individual, un escritorio cómodo para trabajar y un balcón desde donde puedo ver el verde de las montañas).

La vista desde mi balcón <3
Regalos
Anoche soñé con mi papá, llegaba a la casa donde me estoy hospedando y entraba por el balcón, era joven, como cuando yo era niña, traía su chamarra gris y tenía el pelo casi negro. No recuerdo más, pero creo que fue su manera de decirme que sí, que me está acompañando en este viaje. Gracias pa.
En mi segundo día, la hermana Lucia me trajo una canastilla de cerezas que cortó de su jardín y en mi último día, conocí a la madre superiora, quien por cierto, no me dejó ir sin itacate pal camino y me dio, ¿qué creen? ¡Más cerezas! <3

Qué a todo dar las monjitas, ¿no? Sus cerezas me alcanzaron hasta que dejé Verona 🙂
Siendo nómada digital
No sé bien qué contestar cuando me preguntan si voy de vacaciones o por trabajo. Termino diciendo que vengo de vacaciones porque me cuesta explicar que hago las 2 cosas.
En Roma y Florencia me tocó trabajar por las noches -cuando en México es de día-, así que he dormido poco. En Perugia me siento cansadísima, tengo mucho sueño y no tengo ánimos de ir a turistear. Sólo he salido a tomar café por la mañana y he caminado un poco por el centro, comí algo raro y típico y tomé fotos a sus calles llenas de escaleras empinadísimas.

Así era el desayuno en un cafecito que adopté y que me adoptó en Perugia 🙂

Para llegar al centro hay que subir y subir y seguir subiendo

Y luego, subir un poquito más

Y mientras subes, te encuentras con cositas así 🙂

Hasta que llegas acá | Centro de Perugia

Torello a la perugina. Que me viera mi mamá comiendo hígado por mi propia voluntad (a ver, sigue pidiendo platillos típicos mijita, ¡ora te lo comes! jajaja)
El encanto italiano
Soy bien fan de Bill Murray (Ghostbusters, The life aquatic with Steve Zissou, Lost in Translation), ¿y eso qué tiene que ver con Italia? Bueno, Bill Murray tiene una frase que me gusta mucho y que resume su filosofía de vida:
“mientras más relajado estés, mejor eres”.
En lo que sea, en tu trabajo, en tus relaciones, con tu familia; prácticamente en todo y con todos.
Y creo que esta frase tiene todo que ver con los italianos. Ellos saben relajarse y creo que esa es la clave de su encanto.
Perugia ha sido el lugar en donde empiezo a bajar el ritmo. Quiero aprender a relajarme.
VERONA

Ahora sí ya le entendí a las estaciones de trenes 🙂
Puente Scaligero
En Verona estuve en un barrio muy nice, con todo cerca: supermercado, cafetería y un bar justo al lado de mi B&B. El primer día intentando llegar al centro -y para no perder la costumbre- me equivoqué de camino, otra vez tomé a la izquierda cuando debía ir a la derecha. Y qué bueno, porque después de estar un rato tratando de entenderle al nuevo mapa alcé la mirada y me encontré con esto:

Puente Scaligero, lindo, ¿no?

Caminando por el puente
Este fue mi lugar en Verona, aquí vine a caminar, a contemplar el río, a leer, me pareció el mejor lugar para estar ahora que soy aprendiz de relajación.

Rinconcitos en el puente

Vista desde el puente

Y pues bueno, había que aprovechar que el bar estaba cerca 😀
La Casa de Julieta
Entre los lugares que “hay que ir a ver” en Verona está la Casa de Julieta. ¿Recuerdan lo que les comentaba sobre los turistas y las multitudes? Bueno, acá volvió a pasar.
Qué incomodad. Mucha, demasiada gente. Imposible tomar fotos, todo el tiempo alguien se atraviesa y la fila para tomarse fotos con la estatua de Julieta es ridícula. Lo peor es cuando llega el turno de cada persona para tomarse su foto con la estatua, todos se toman la misma foto: se suben al pedestal y le agarran una bubi a la Julieta -bien chistosos ellos-.
Las paredes del lugar están repletas de mensajitos de amor, algo como fulanito y fulanita forever, la verdad es que esto hace que el lugar se vea sucio. Puedes pagar 8 euros para subir al balcón y tener una vista panorámica de la ciudad. No los pagué, estuve en ese lugar a lo mucho 5 minutos. Calificación: Mña.

Mensajitos de amor en las paredes de la Casa de Julieta

El candado como símbolo del amor nomás no me acaba de cuadrar. Amar es liberar.
Se supone que esta es una de las ciudades más románticas no sólo de Italia, sino del mundo. Y puede que sí, pero no en la casa de Julieta, se los puedo asegurar. O a lo mejor sí y soy yo la que lo ve distinto ahora.
Mi plan después de Verona era ir a Venecia. Estuve revisando habitaciones disponibles, el tren y todo para ir allá. No sé explicar bien por qué, pero no me da buena espina ir a Venecia. Tal vez sea que me no me encanta la idea de que para transportarse hay que andar siempre en barquitos, tal vez sea que los precios son los más altos que he visto en Italia. No sé, al final decido saltármelo e ir directo a Nápoles.
Total, si de plano un día me arrepiento, podré volver -pienso-. Creo que es importante hacerle caso al instinto, me prometo nunca más hacer algo que no quiera porque -yo solita- me sienta obligada a hacerlo.