Tengo un nuevo amor, se llama Sebastián y es un lindo. Es mi ukelele nuevo y es de las cosas más bonitas que he tenido.
Me gusta que es pequeñito y lo puedo llevar a todos lados. Que para tocarlo, hay que acomodarlo bien cerquita del corazón.
Me gusta también cómo fue que llegó a mi vida. Quería tener uno desde hace años, pero como casi siempre me pasa, siempre se atravesaban cosas más importantes, como la renta, el súper, salir por unas cervezas, y mil cosas que seguro no eran importantes porque ya ni me acuerdo qué fueron… ¿y mi ukelele? -bien, gracias-, lo dejaba para después.
Hay momentos irrepetibles de personas chingonas e irremplazables, como la boda de Vero, mi mejor amiga. Como buenas cómplices, pensamos en cantarle una canción a su novio el día de la boda, en francés y con ukulele. A unos semanas de su boda, ella se cambió de trabajo y se fue a vivir a Querétaro.
También a unas semanas de la boda, yo me separé y me cambié de casa. Parecía que lo de la canción se había quedado en plan y ya. Esta vida adulta funciona como una gravedad que nos jala hacia un mar de responsabilidades.
Pero no, no hay que perder de vista lo verdaderamente importante: Vero y yo nos conocemos desde hace 20 años. Creo que ella ya lo sabe, -y si no, pues ya se enterará-, pero ella es my person. Es la única persona que es parte de mi familia sin serlo, que me aterriza y me da el empujón cuando la duda me paraliza.
Así que, ella a punto de casarse, yo recién separada, necesitaba como nunca estar cerca de mi amiga. Buscando ukeleles en Internet, me encontré a Sebastián, y tan era para mí, que me llegó el mismo día que lo pedí. Ese fin de semana, también reservé una habitación en el Hotel Madero de Querétaro y me fui con la Vero.
Tengo la gran fortuna de ser “nómada digital”, como he visto que les llaman a quienes podemos trabajar desde cualquier lugar, sólo necesitamos (bendito) internet y nuestra computadora. Entonces, agarré mis chivitas y me fui con ella, de ida y de vuelta por la carretera.
Platicamos como nunca y como siempre. Esa fue también mi primera noche de descanso real en un mes entero. Desconectarse de lo cotidiano pero volver a conectarse con la amistad, con los cariños, con uno mismo.
En Querétaro estuvimos por el centro, en un lugar de crepas delicioso, en un bar con una banda chingona de covers y en EL bar Diktatur, que se merece una entrada completita, ya les contaré.
La canción fue el pretexto para volver a estar juntas, el ukulele nuestro alegre acompañante. Hicimos un video que pasamos el día de la boda. El novio, bien sorprendido; mi amiga, bien contenta; yo, un poco más lista para seguir adelante.
My person! My BFFE, mi familia… gracias por nuevamente estar ahí. Te amo amiga y las letras, la música, los viajes y la vida nos siguen uniendo.
P.D. La crepería se llama Villemont.
Que así sea, que sigamos forevereando. Te amo amiga. <3