Próxima estación: Monterrey, 5 de la mañana.
Este viaje a Monterrey comienza en una noche de mezcales, me empezaba a sentir mal de la garganta, así que tuve que -sí, tuve que, como remedio- echarme unos mezcales para no enfermarme. Por cierto, se los recomiendo mucho, a mí me funciona.
En fin, esa noche publicaron en Facebook que La Barranca estaría en el Café Iguana en Monterrey, estaba con Giovannita, así que ya con unos mezcales encima y sin pensarlo mucho, compramos los boletos para el concierto y el avión. Pedimos asilo a Geovanni, un amigo de mi amiga que vive en Monterrey y nos aceptó en su casa.

Así llegó la noche del jueves 19 de enero. Llegué a casa a hacer la maleta y me fui a la cama con esa sensación de niña esperando que llegaran los Reyes Magos, dormí poquito y tuve sueños raros por la emoción.
Al día siguiente, sonó el despertador y me levanté como si tuviera un resorte, estaba lista desde las 6 am. Esperé a Giovannita hasta las 7 am y salimos de volada al aeropuerto.
Aquí comienza el “Día Negro”: Llegamos al aeropuerto y estaba llenísimo,
(tip de viaje: de ser posible, elige viajar de lunes a jueves. Varios viajeros en su blog mencionan que el mejor día para viajar es el miércoles, por tener mejores tarifas y porque hay mucho menos gente y menos filas. -Tienen razón-).
Tuvimos que hacer una gran fila y nos dejó el avión (WTF). Llegamos a la zona del check-in 10 minutos tarde. Mi primer impulso era hacerla de tos, hacer berrinche, pedir hablar con el gerente (jajaja, jamás haría algo así), hacer algo al respecto. Pero llegamos tarde, así que nada había que hacer más que apechugar y aprender. Por algo hay que llegar siempre 2 horas antes de que salga el vuelo. No me vuelve a pasar: primera prueba a mi paciencia del día, superada.
Había que comprar otro boleto -que, por cierto, salió más caro que el de ida y vuelta original- pero lo pagamos. Total, ya estamos aquí. Segunda prueba, pos ya qué.
El ticket que compramos para el concierto nos daba chance de pasar al Meet & Greet con la banda.
EL M&G incluía asistir al Soundcheck a las 4:30 pm. Nuestro nuevo vuelo salía a las 3:35 pm. Ni de chiste llegábamos. Hay que manternos positivas, ya ni modo. De todos modos vamos a llegar al concierto. Chingón. No pasa nada. Tercera prueba, hoy nada me hará enojar.
Estuvimos más de 6 horas en el aeropuerto, nos metimos a un Wings a desayunar, lo que fue bueno porque tuvimos chance de trabajar y sacar pendientes. A las 2 horas de estar ahí, medio frustradas, tuvimos una pelea de novias (jajaja) nomás discutir por discutir. Cuarta prueba a mi paciencia, Ley de Murphy, no podrás conmigo.
Por fin tomamos el avión y salimos con destino a Monterrey. Llegamos allá como a las 5:30pm, el soundcheck ya ni pensarlo. Nada, nada, todo bien. Ahorita vamos por unas cheves o algo. Geovanni llegó por nosotras y, ¿qué creen? Se descompuso el coche (jaja, ¿en serio?). Quinta prueba. Ya nomás me daba risa.
Al mal tiempo, buena cara. Con la mejor actitud nos fuimos a un OXXO a esperar que llegara la grúa, bebimos soda y comimos cacahuates. ¿Les gusta Monterrey, chavas? Nos preguntó alguien. Ta’ con madre el OXXO, cómo no. Dos horas después salimos en la grúa hacia la casa de Geovanni para dejar nuestras cosas. Después de otras casi 2 horas de camino (pinche trafical), lo logramos.
Ahora sí, ¡vámonos al Iguana! El Café Iguana es famosón en Monterrey. Es el foro de varias bandas rockers, es un lugar con mucha onda, tienen un escenario con telón y toda la cosa; es amplio y con un sonido muy perrón. La tradición es comer pizza y beber caguama en bolsa de papel (para que puedas pistear de pie y no se te resbale).

Y después (fanfarrias): ¡EL concierto! Tocaron increíble. Un setlist muy chido, con canciones que casi nunca tocan: No mentalices, Providencia, Don Julio, Elixir de la vida, Paraíso Elemental.


En la fila para el M&G conocimos a varios fans de la banda, hicimos buen clic y estuvimos juntos platicando un rato. Un compa nos contó que le pidió matrimonio a su chica en un concierto de La Barranca mientras sonaba “La Rosa” y ella le dijo que sí, ese día iban juntos 🙂
También en la fila estaba yo practicando mi acento regio. Ahora, ya puedo hablar como del norti, mi acento favorito, jajaja.
En el M&G platiqué poquito con la banda, con Ernick y Adolfo, después se acercó José Manuel. Les dije que era una lástima que ellos no pudieran verse tocar porque sin duda serían su banda favorita. Les pregunté a quién les gustaría ver y al unísono dijeron “¡a La Barranca!”; aquí, el momento cumbre de la noche: José Manuel me sonrió y me guiñó el ojo. Después nos abrazamos y posamos todos para la foto.

Hay mucha magia en las personas que hacen lo que aman, se transmite, se vibra. Es lo que siento cada vez que los veo tocar. Y me inspiran a hacer lo mismo, a seguir buscando ese camino que me incendie las arterias.
Es necesario saber soñar para sobrevivir en la barranca.